¿Qué es lo más peligroso que te puedes encontrar viajando por la carretera?
La pobreza, la corrupción, la delincuencia, la desigualdad social, la mala administración de la justicia, el desempleo, la violencia, la discriminación, e innumerables de factores adversos son aspectos que se perciben sin mucho rebuscar en la sociedad mexicana. Todas estas problemáticas desencadena múltiples cuestionamientos, derivados de los pensamientos, vivencias y experiencias más profundas de todo individuo sumergido en un contexto social, económico, político y étnico, desigual, injusto y discriminatorio.
Este contexto desfavorecido, lleno de pobreza, enfermedad, violencia y muerte, es el que nos transmite “Sin señas particulares”. Está película nos introduce en una historia, cruda y visceral, una historia en dónde la pobreza económica se convierte en sinónimo de incapacidad, en un sistema que te limita el acceso a la justicia si no se cuentan con los recursos suficientes para acceder a ella.
La familia como uno de los pilares del constructo social, es un elemento que juega un papel importante, en la manera de sobrellevar el azote de las irregularidades institucionales de las que son víctimas los personajes de esta historia. La historia es un claro reflejo de las condiciones de vida que tienen los pueblos sumergidos a las afueras de las grandes metrópolis, es la historia de las raíces de un México profundo, desprotegido y sin acceso a sus derechos fundamentales.
Fenómenos sociales como la migración, la delincuencia, la drogadicción, la corrupción y el crimen organizado, se convierten en los detonantes reales de una vida miserable. Este contexto cinematográfico (apegado a la realidad mexicana), nos pone en la piel de una madre que experimenta la perdida de su descendencia, pasando por un estado de duelo, culpa, fracaso y resignación familiar, un proceso muy difícil de afrontar para los padres, quienes tienen el profundo sentimiento de haber fallado en una de sus principales prioridades en la vida, al ver morir a sus hijos. Se responsabilizan por los actos y se auto castigan para descargar su dolor y frustración.
La empatía, esperanza, apoyo emocional y ayuda económica, surgen de los vínculos familiares y amistosos, un episodio tan traumático e impactante, solo nos remiten a pensar, que ojalá otra persona no pase por el mismo sufrimiento (evitar que le suceda a otra persona lo que no pudiste lograr con tu ser querido.) Los hijos buscan sus propios caminos y empiezan a tomar sus decisiones, crecen y se vuelven adultos, pero jamás dejan de ser hijos.
Pero sí tu ser querido desaparece ¿Hay esperanzas de encontrarlo vivo en un contexto lleno de violencia? ¿Es mejor encontrar un cadáver violentado, ha no encontrar nada? La muerte se encuentra en todas partes, los cadáveres se cuentan por montones, algo que lamentablemente se ha vuelto cotidiano, (la muerte humana es algo normal y natural pero los homicidios multitudinarios y las masacres no) la muerte tiene que llegar naturalmente, no impuesta por un tercero.
¿Que es capaz de hacer una madre por su hijo? ¿Hasta donde puede llegar? ¿Cuáles son los límites? ¿Es irracional seguir indagando dentro de una situación totalmente peligrosa? ¿Qué es lo que detiene tu búsqueda y te brinda la resignación que buscas? Uno no razona cuando ama, es un impulso intuitivo de encontrar a alguien que quieres y que te preocupa, cuando alguien pierde a esa persona que le da sentido a su vida se lleva una parte de su ser.
Hoy, las fosas comunes están llenas de personas nunca encontradas y nunca identificadas, personas que por las circunstancias de su muerte, no tuvieron la oportunidad ni de ser examinadas para su reconocimiento. La burocracia entorpece la investigación, solo busca entregar un cuerpo a alguien que busca a un familiar, quiere acabar de tajo con los reclamos sociales. (Hoy existen más cadáveres en las fosas comunes, que personas buscando un familiar).
Muchos policías y miembros del ejército están coludidos. El gobierno no tiene poder ni autoridad es un Estado fallido total, la violencia y la delincuencia tienen todo dominado. El crimen organizado tiene a mucha gente controlada y a todos asustados, nadie habla de más, se ocultan cosas, nadie quiere problemas, temen por su vida y su integridad, se destruyen lugares, comunidades, familias, personas, solo quedan recuerdos y se añoran los viejos tiempos. Todos son anónimos, los testimonios son dados por siluetas y sombras.
Actualmente, la migración impulsada por la necesidad de ir a buscar mejores oportunidades tampoco se percibe cómo una alternativa deseable, los caminos son peligrosos y el trayecto poco confiable, no hay certeza en el destino y la fe es la única imagen en la que podemos encomendarnos, el hijo migrante que no obtiene el sueño americano se cree en deuda con su familia, no es fácil conseguir trabajo, nadie confía en nadie y todos se aprovechan de los desfavorecidos. Hay una confianza obligada y ciega, no queda de otra, la desconfianza tiene la particularidad de ser negativa y positiva.
Pero, ¿Qué es lo que nos queda? ¿Qué debemos hacer? ¿Cuál es la decisión correcta en este contexto tan desfavorecido? La verdad es que, no hay respuesta que valga, las personas actúan conforme su situación, contexto y posibilidades reales, las adversidades en ocasiones son tantas, que hoy ya no hay lugar para sobrepasarlas, la vida está llena de matices, pero en sociedades tan desiguales no hay cabida para todos, aquí la vida es injusta para la mayoría, solo queda adaptarse a ella, aferrándose por siempre, a todo aquello que nos mantiene con la ilusión de seguir existiendo, en los lugares de los que deseamos salir y de los que nunca podremos escapar.
Fragmentos de la película.
“No voy a volver hasta encontrarlo.”
“Mi hijo puede estar muerto pero yo tengo que saber.”
“Ya nadie queda, vete.”
“Me agarraron y ya no puedo irme.”
“Abrí una herida para no cerrar una conversación.”
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